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lunes, 17 de julio de 2017

BUENAS NOCHES PUNPUN (INIO ASANO) - RESEÑA/CRÍTICA MANGA

¡Dios mío, pero qué es esto! ¿Natalia subiendo algo relacionado con el anime o el manga? Bueno, por algo el blog se llama "El blog de una otaku llamada Natalia." De todos modos estoy pensando en cambiar el nombre al blog, ¿qué opináis? La palabra "otaku" ya no me gusta demasiado.

Si bien es cierto que ya casi no veo anime, he vuelto a retomar mi afición por el manga. Y una de las últimas obras que he coleccionado es Buenas Noches Punpun (Oyasumi Punpun, おやすみ プンプン), del maestro Inio Asano, autor de otras joyas como Solanin.



Mi flamante colección.

Sinceramente, me parece una de las mejores series manga que he leído hasta ahora. Diferente, algo extraña en ciertos momentos, sobrecogedora y tan real como la vida misma. La historia va sobre la anodina vida de Punpun Punyama (más tarde Onodera), desde que es un niño hasta que es adulto. Aunque él se siente raro, sus preocupaciones en realidad son más que habituales. Me sentí súper identificada con sus problemas, y con el personaje en sí. Punpun es una persona reservada, callada, tímida, exactamente igual que yo. Y como muchos jóvenes de hoy en día, no sabe adónde dirigir su vida, ni qué hacer. Ve pasar los días, uno detrás de otro, sumido en un nihilismo bastante deprimente. 

De todos modos, no me considero tan pesimista como el protagonista, ni mucho menos. A mí me cuesta menos esfuerzo estar satisfecha o contenta. Pero de vez en cuando, me gusta reflexionar sobre el sentido de la vida y ese tipo de cosas. Este manga tiene ciertos momentos de introspección o de filosofía, y realmente te hace plantearte muchas cosas. Recuerda  a los autores existencialistas, para los que todo carecía de sentido.

El estilo de Asano es así, crudo y desesperanzado. Asano tiene una visión del mundo un tanto negativa, así que algunas de sus obras (no solo Buenas Noches Punpun) te pondrán un poco de bajón. Sinceramente creo, que para ser feliz no hay que darle tantas vueltas a las cosas. Ponerte a buscar sentido a todo solo hace que te sientas perdido y desorientado. Vive el momento, pásatelo bien, y no pienses en cosas "no sé adónde me dirijo." A veces no hay rumbo y eso no es nada malo. La vida a veces depara muchas sorpresas, no puedes tenerlo todo bajo control. En algunas ocasiones me daban ganas de gritarle a Punpun: "¡Deja de comerte el tarro, alma de cántaro! Diviértete un poco y frena el tren de pensamientos melancólicos." Antes he dicho que me siento identificada con estas ideas de vacío existencial, pero soy consciente de que en el fondo no llevan a ningún lado. A veces es difícil deshacerse de ellas.

Muchos dicen que Punpun está triste sin motivo. Yo no lo veo así. Con el personaje de Punpun, el autor trata de reflejar los pensamientos y problemas de los jóvenes. Quizás hay que saber interpretar las cosas en vez de verlo todo en su sentido más literal. Especialmente en obras de este autor. Pero aparte de eso, sinceramente creo que Punpun tiene serios problemas psicológicos. Tendencias depresivas, o algo así. En cuanto a Aiko, la chica de la que Punpun se enamora perdidamente y que es uno de los ejes principales de la historia, es una persona claramente inestable.

 Esta chica tan guapa es Aiko.

Algo curioso y divertido es que el protagonista, así como su familia, son representados con pollitos mal dibujados, aunque solo el lector los ve de esta manera. Parecen garabatos de un niño de tres años. Esto fue lo que me llamó la atención del manga en primer lugar. Quizás lo que el autor quiere transmitir es que Punpun es un chico absolutamente normal, y que importa más su historia que él mismo. Sin embargo, el resto de personajes están trazados con gran mimo y realismo. El dibujo de Asano es magnífico, su estilo es inconfundible.



Es un manga (para mí) bastante triste, incluso duro en algunas partes. ¿Por qué? Pues porque refleja perfectamente la crudeza de la vida, no sé si me explico. Te hace reflexionar, para luego demostrarnos que nada es para tanto.

Quizás lo que te estoy contando te suena a dramón filosófico bastante genérico, pero no es así para nada. El talento de Asano hace que la historia sea interesante y excepcional. Todo se cuenta en un estilo muy ligero y coloquial. Es un manga muy entretenido. En algunos tomos flojea (como cualquier manga), pero en general, es estupendo. Os lo recomiendo leer. 

Los primeros tomos me sorprendieron mucho. La forma que relataba la historia de niño. Me pareció tan especial, tan inocente, tan fresca... Nada que ver con lo que pasa después.
El tomo que más me gustó fue el 6. El personaje de la madre de Punpun es el mejor de todos con diferencia. Tiene una personalidad marcada y es un personaje redondo y profundo. Al final acabé empatizando mucho con ella. Maravilloso, ese tomo. Si lo leéis veréis a lo que me refiero. 
El que menos me gustó fue el 7, porque no pasaba NADA. Menos mal que la cosa mejoró después. 
En los últimos tomos, el ritmo de la trama se vuelve mucho más rápido y comienzan a pasar un montón de cosas extrañas y emocionantes

ALERTA SPOILERS SOBRE EL FINAL (TAMPOCO DIGO NADA CRUCIAL SOBRE LA HISTORIA, PERO AVISADOS QUEDÁIS)
En cuanto al final, es muy bueno, y es raro que diga esto. No es el que me esperaba (es un punto a su favor, no es predecible). Sin embargo, me dejó un poco vacía. Después de todo lo que había pasado... No sé. Aunque lo presentan como un final más o menos feliz para Punpun, me pareció tristísimo por ciertas cosas que no voy a comentar. Creo que lo menos me gustó del final fue eso, lo trágico que es. En una historia puede haber dosis estratosféricas de drama, y me encanta, pero si acaba mal... Eso es harina de otro costal.


En resumen, un manga que recomiendo al cien por cien. Consta de 13 tomos, por lo que es una serie cortita y ligera. Una obra muy especial, os encantará si os gusta el drama psicológico, las historias realistas sobre la vida cotidiana y darle al coco... 

Le pongo un 9,5/10!!  



じゃあまたね、みんな

domingo, 16 de julio de 2017

MI EXPERIENCIA EN EL CAMINO DE SANTIAGO

Hace unas semanas hice el Camino de Santiago con mi instituto. Sí, ya puedo decir que he sido peregrina. Y es que hay quien dice que el Camino de Santiago es de esas cosas que hay que hacer al menos una vez en la vida.

Cuando nos recogió el autocar para ir a Galicia, concretamente a Triacastela, no estaba muy animada. Me había apuntado porque me habían convencido, pero al final no me apetecía nada ir. A mí esta clase de actividades tan sociales me ponen un poco nerviosa. Nos habían organizado en grupos pequeños para realizar ciertas tareas y talleres, y no conocía a ninguno de mis compañeros, ya que soy nueva en el instituto. Estaba un poco agobiada. Iba con mi amiga Alice, pero estaba de mal rollo con el chico de la entrada de "mi primer beso", y demás movidas varias. Vamos que, empecé con mal pie.

Sin embargo, la experiencia me sorprendió para bien. Me lo acabé pasando genial. Los paisajes eran maravillosos, propios de la Galicia más profunda. Pasamos por multitud de pueblecitos pequeños, donde los lugareños nos contemplaban curiosos. Seguro que pensaban: ¿Otro grupo de críos peregrinos que osa perturbar nuestra paz?

Ejem, siento no haber hecho una foto mejor de los paisajes... 
 
La gente estaba distinta, mucho más amable y unida. Será porque el dolor y el sufrimiento unen corazones. Y es que no exagero al decir que estábamos todos EN LA MIERDA. Creo que pocos de nosotros estábamos acostumbrados a andar 20 km diarios de media. Yo, desde luego, estaba en bajísima forma. No podía con mi alma. Me costó Dios y ayuda completar todas las etapas, especialmente una en la que caminábamos nada más y nada menos que 30 km. Cada vez que recuerdo el dolor...
Bromeábamos con que éramos el club del geriátrico. ¡Deberíais habernos visto! Parecíamos los abueletes del Camino, cojeando, gimoteando, quejándonos como si tuviéramos 90 años. Andábamos como si nos hubieran enculado, vaya
Algunos acabaron "lesionados" de la rodilla, otros del pie, otros simplemente se paraban a mitad de camino porque no podían más. En fin, que se palpaba nuestra agonía. 

Eso sí, el Camino saca lo mejor de las personas, sin lugar a dudas. Cuando no podía dar un paso más y me fallaban las piernas, siempre tenía a alguien junto a mí que me daba ánimos, tiraba de mí o me sujetaba. Incluso gente con la que no me llevaba o no conocía de antes. Se paraban a mi lado y me preguntaban: ¿qué tal estás, necesitas ayuda? Teníamos un clima de buen rollo y compañerismo. 

Otro punto positivo es que el Camino es una ocasión idónea para conocer gente o intimar con tus amigos. A veces me ponía a hablar con peregrinos que no conocía de nada, o que venían de otros países. Me ha encantado conocer más (aunque no me haya hecho súper amiga) a ciertas personas... 
Con los chicos del grupo pequeño, que eran prácticamente extraños para mí, también me acabé llevando bien. El monitor nos preguntó que cuáles eran nuestros mayores miedos. Todos contestaban cosas típicas como "el fracaso", o "suspender." Yo, sin embargo, abrí mi corazón un poco más. Les conté que era una persona llena de inseguridades y que me afectaba mucho la opinión de los demás. Sorprendentemente, empatizaron mucho conmigo y se pusieron a darme consejos y a ayudarme. Fue muy bonito, la verdad.

Había un monitor simpatiquísimo que compartía mi gusto por el cine, y se sorprendió mucho al saber que había visto Lady Snowblood (mirad la entrada de Meiko Kaji), película de culto japonesa. Nos caímos fenomenal. Me sinceré con él y le conté todos mis problemas, incluso mis trifulcas amorosas con "el chico ese." Nuestra conversación fue variando desde películas japonesas, psicología, psicópatas, hasta disertaciones filosóficas sobre la vida. Es una lástima que probablemente no lo vaya a ver más. Pero creo que es de las personas más agradables que he conocido. Podríamos haber sido buenos amigos en otras circunstancias. 

Me sentí totalmente integrada en el grupo con el que íbamos Alice y yo. Era una pandilla enorme, y fue genial sentirme parte de un grupo tan grande y divertido. 

Otra experiencia que me marcó fue el "túnel de los piropos". La verdad es que no sé qué nombre ponerle a esta actividad. Digamos que nos hacían ponernos a cada lado de un pasillo, y cada persona iba pasando, mientras los demás le decían algo positivo o bonito. Antes de que fuera mi turno, estaba estresadísima. Mi baja autoestima me hizo montarme una película en la cabeza impresionante. Pero cuál fue mi sopresa al ver que un montón de gente me decía cosas geniales, preciosas. Fue algo muy emocionante y más de la mitad acabó llorando como magdalenas. 
"Eres muy especial", "eres genial, ojalá te abrieras más", "me pareces una chica increíble", "me encanta que pases de todo, es como que te la suda la sociedad", "algún día te veré firmando libros", "me pareces muy buena chica, muy leal", "eres muy inteligente", "gracias por haberme ayudado tanto este año"... Entre otras cosas que recuerdo que me dijeron... 

¡Ah! Y "el chico ese" y yo nos reconciliamos. Nos volvimos a liar, así, sin comerlo ni beberlo. No lo he contado, pero ya es como la quinta vez que nos enrollamos. Y eso que no somos novios ni nada. Veréis, a veces dormíamos todos juntos en polideportivos roñosos, sobre colchonetas. Y dio la casualidad que él puso su colchoneta al lado de la mía. Y por la noche... cuando todo el mundo ya dormía... pasó lo que pasó.

Ahora, por supuesto, hablaré de los aspectos negativos. 
En primer lugar, EL PUÑETERO CANSANCIO. Me dolía el cuerpo y el alma. 
En segundo lugar, la suciedad, la roña, la mugre. Estábamos asquerosos. Olíamos a mierda. Normal, con todo lo que sudábamos, y luego encima teníamos duchas carcelarias de agua fría.  
En tercer lugar, los polideportivos donde dormíamos. ¿Que por qué esto es un aspecto negativo? Por el estado en el que se encontraba todo. Las colchonetas llenas de manchas de grasa y de otras sustancias de origen indeterminado, las duchas con churretes y roña acumulada (allí podía haber diez tipos diferentes de enfermedades venéreas) y con agua recién traída del Polo Norte... 
En cuarto lugar, pero no menos importante, LA LLUVIA. No veas cómo llueve en Galicia. Sé que esto no es una novedad, pero caminar 25 km bajo una lluvia torrencial y pisando barro (incluso nos encontramos una rata muerta por ahí) no es muy placentero.
En quinto lugar, unas señoras ucranianas o algo así me robaron 20€ en pleno camino. No daré más detalles. Cuidado con la gente que anda en sentido contrario... Sus intenciones no suelen ser buenas.
En sexto y último lugar, nos metieron en un auténtico campo de concentración la última noche. Mira que pasamos por albergues cutres, pero ese en concreto se llevó la palma. Hacíamos coñas con que estábamos en Auschwitz, y que era el campo de exterminio de Santiago. Os juro que no vi ninguna diferencia entre nuestras habitaciones y las celdas de una cárcel. Aunque esto no me molestó demasiado, hasta me hizo gracia. 

En definitiva, ¡una experiencia genial y súper divertida! Me sentí totalmente liberada cuando por fin llegamos a Santiago. Me dio cierta pena despedirme de todos, habíamos estado muy unidos. Quizás dentro de un tiempo vuelva a hacer el Camino otra vez, pero por ahora creo que me tomaré un buen descanso... Si no lo habéis hecho todavía, os animo a que vayáis con vuestros amigos, no os arrepentiréis. Al final, el agotamiento y el dolor de articulaciones es lo de menos. La sensación de superación personal que te queda lo compensa todo... 

 La catedral estaba en obras...



Mirad el caracolillo que me encontré. 
Galicia, tierra de caracoles. Me encantan.
 

¡Hasta otra! ;)

viernes, 14 de julio de 2017

EL PUEBLO AINU

¡Buenas a todos! Hoy os vengo a hablar de un misterioso pueblo indígena de Japón: los Ainu. 

¿Quiénes son los Ainu? 





Los Ainu, también conocidos como Ezo, son los aborígenes japoneses, por así decirlo. Son oriundos de la isla de Hokkaidô, al norte de Japón. También hay algunos en el noroeste de Honshu, en las islas Kuriles y la isla de Sajalín. Las dos últimas pertenecen a Rusia, aunque están muy cerca de Hokkaidô.

Sus orígenes no son muy claros. Algunos los relacionan con antiguos pueblos de Siberia y del Círculo Polar Ártico, como los saami o inuit. No son rusos, y algunos de ellos tampoco parecen ser los típicos asiáticos. Si observamos fotos de ciertos Ainu, nos damos cuenta de que tienen mucho vello corporal y facial, nariz más prominente y son bastante diferentes físicamente al japonés medio. Además, los ainu "puros" no tienen los ojos rasgados apenas, y éstos pueden ser castaños.






COSTUMBRES AINU:
Su modelo de vida se centraba en la caza y la pesca en el caso de los hombres, y la cocina, la recolección y el cuidado de los niños si se trataba de mujeres. Los ainu contaban con un veneno tradicional con el que untaban sus flechas. 
Las asambleas ostentaban el poder judicial, siendo las penas máximas el destierro, la amputación de orejas o nariz, y los apaleamientos.
Los hombres, al alcanzar la pubertad, dejaban de afeitarse, es por eso que exhibían unas largas y pobladas barbas. En cuanto a las mujeres, al llegar a la edad adulta, se tatuaban la boca, los brazos y los genitales. He aquí unas fotos de los famosos tatuajes Ainu, que se asemejan a una peculiar sonrisa, o a unos bigotes, como queramos verlo:





A continuación pondré unas imágenes de sus viviendas y vestimentas tradicionales:
Casa construida al estilo tradicional


Un grupo de Ainus con sus ropas típicas.

Mujer Ainu. Podemos observar sus ostentosos collares, o "tamasay".

LA RELIGIÓN:
La religión Ainu es animista. Todos los elementos de la naturaleza son venerados como kamui, es decir, se considera que son la encarnación de un espíritu divino. El kamui más importante es la "abuela tierra", seguida por las montañas y sus animales (el más respetado y temido es el oso), y los océanos y los suyos. 
El oso es venerado y es un motivo común en los tocados ainu, que llevan los hombres. Sin embargo, eso no les impedía ser grandes cazadores de osos. En primavera, el canto del búho anunciaba el inicio de la partida de la caza del oso. Los animales se tratan con gran respeto, y una vez cazados, se reza a los kamui y se les da gracias por la comida.
Si se podían capturar los oseznos eran llevados al poblado, donde eran cuidados e incluso amamantados por las mujeres ainu. A los tres años, los mataban lanzándoles flechas decoradas a finales del invierno. Sus movimientos eran interpretados como signos de alegría. Las cabezas, una vez cercenadas, se colocaban entre golosinas, y se les pedía que relataran el trato recibido a otros osos que, así, se dejarían cazar con mayor facilidad. 

No tienen chamanes, sino que el jefe de la aldea dirige las oraciones y rituales, que consisten en ofrendas a los espíritus, o bien se centran en la libación del vino. Algunas mujeres Ainu tenían poderes de adivinación, y eran consultadas por los ancianos en caso de prever algún peligro. El pueblo Ainu también agradece a los dioses antes de comer y reza a la deidad del fuego ("Fuchi") cuando acaece una enfermedad. Creen que sus espíritus son inmortales y que serán recompensados después de la muerte con el ascenso a Kamui moshir (La tierra de los Dioses) o castigados en el infierno. La realidad terrenal era llamada Ainu Moshir (tierra de los humanos). 

HISTORIA DE LOS AINU:

Se instalaron en Japón hace unos 20.000 años, siendo unos de los primeros pobladores. Sabemos esto por restos encontrados de esa época, que presentan grandes similitudes con la cultura Ainu.  En definitiva, fueron los habitantes originales de Japón, incluso antes de que éste tan siquiera existiese como nación. Sin embargo, muchos japoneses de hoy en día los tratan como si fueran extranjeros, forasteros, y son objeto de fuerte discriminación y racismo. Es curioso que hagan esto, teniendo en cuenta que los Ainu llevan viviendo en el país del sol naciente muchos más años. 

Los Ainu en sus orígenes eran cazadores, pescadores y recolectores. Cazaban osos, focas y ciervos, y otros animales, entre los cuales, el oso era el más temido y venerado. Se trataba de un pueblo tranquilo y pacífico, amante de la naturaleza. En la época feudal, estaban prácticamente aislados del resto de Japón, que consideraba el norte una tierra inhóspita llena de ainus, desertores y criminales.

Los Ainu dominaban también la parte noroeste de Honshu (región llamada Tohoku), en la que eran conocidos como Emishi ("bárbaros peludos") aunque acabaron siendo empujados y confinados en la isla de Hokkaidô. Os dejo este mapa para que lo entendáis mejor:



Poco a poco, gente procedente de Honshu (isla principal de Japón, donde está Tokio) fueron colonizando e instalándose en Hokkaidô (en esa época se llamaba Ezochi, "tierra de los Ezo"). Tuvieron varias batallas con los Ainu, que por supuesto, ganaron los japoneses, que se iban haciendo con el dominio y control de la isla.
La última resistencia ainu a gran escala contra el gobierno feudal fue la Rebelión de Sakushain, entre los años 1669-1672. Fue infructuosa, como todas las demás. Fue a partir de ese momento cuando los japoneses invadieron definitivamente Hokkaidô y se asentaron allí. 

***Es curioso descubrir que partes del actual Japón, en su momento fueron tierras independientes y aisladas, con su propia población autóctona. Algo parecido pasó con las islas de Ryukyu, al sur de Japón. La más famosa de ellas es sin duda, Okinawa, que cuenta con un curioso dialecto, muy distinto al japonés estándar. Las islas Ryukyu también tienen grupos indígenas con cultura diferenciada.***

Sin embargo, lo peor para los pobres Ainu estaba por llegar. Fue en el comienzo de la era Meiji (1868-1912), marcada por el mandato del emperador Meiji (Mutsuhito). Para crear un nuevo estado moderno y fuerte e impregnar a los japoneses de un fuerte sentimiento de unidad nacional, se centralizaron todos los poderes en torno al emperador y por ello se realizaron numerosas reformas políticas, económicas y sociales. En resumen, lo que se pretendía era crear un Japón hegemónico donde todos fueran iguales y pertenecieran a una misma etnia y cultura.
Entre otras cosas, crearon una lengua estándar para acabar con las diferencias lingüísticas y los dialectos diferenciados. De hecho, el uso de éstos fue prohibido en las escuelas.  La medida tuvo tanto éxito que en pocos años todos hablaban esta lengua, basada en el japonés que se hablaba en Tokio. 

Ese nacionalismo japonés fue nocivo para la cultura Ainu. El gobierno prohibió a los Ainu hablar su lengua, llevar sus tatuajes, la práctica de sus costumbres, sus vestimentas tradicionales y sus métodos de subsistencia: La caza y la pesca. A partir de entonces, tuvieron que asumir forzosamente las costumbres japonesas y adaptarse a su estilo de vida. Les quitaron hasta sus propios nombres, obligándoles a adoptar unos japoneses. De hecho, se crearon apellidos especialmente para los Ainu. Algún ejemplo de ellos son: Kaizawa, Hirame, Kayano, Hiranuma, Kawanano, Nabesawa... Los Ainu que defendían sus tradiciones fueron encarcelados y perseguidos. 

Estas terribles medidas empujaron a la milenaria cultura Ainu al borde de la extinción. Si bien es cierto que ahora nadie les prohíbe nada y son libres, sufren bastante xenofobia. Hoy en día, luchan por mantener vivas sus costumbres y tradiciones, que van desapareciendo con el paso de los años y las generaciones. 
Japón cuenta con aproximadamente 25.000 Ainu, aunque ha habido mucho mestizaje y quedan pocos individuos con sangre 100% Ainu. 
Tienen graves problemas de alcoholismo (como los indios nativos de Norteamérica) y muchos tienen serias dificultades económicas. Quizás esto se deba a que no supieron adaptarse al estilo de vida japonés, y su mentalidad chocó con la del pueblo nipón. Muchos Ainu eran engañados y estafados, además de despreciados por su etnia.






Aquí os dejo un documental muy bonito sobre los Ainu, por si queréis saber un poco más.



Este de aquí es Hideo Akibe, activista por los derechos de los Ainu y presidente de una asociación. Lo que me sorprende de él es que sus rasgos son 100% caucásicos, a pesar de ser Ainu. Quizás él es un buen ejemplo de cómo solían ser los Ainu antiguamente, antes de la mezcla con los japoneses.


Reflexión final:
¿No os recuerda la historia de los Ainu a la de los indios de Norteamérica? Los colonos, cuando llegaron a América del Norte, sometieron a los nativos y les prohibieron cazar y pescar, invadieron sus tierras y los masacraron. En el caso de Japón, la represión contra los Ainu no fue tan violenta, pero la anulación cultural fue prácticamente la misma. Además, como he comentado antes, ambos pueblos tienen muchos problemas con el alcoholismo (en su momento se les instó a ello para que fueran sumisos) y son colectivos marginados y pobres.
Aunque a día de hoy siguen quedando indios americanos y Ainu, tarde o temprano acabarán desapareciendo. Los vestigios de su cultura solo se hallarán en museos. Ojalá me equivoque y esto no sea así, pero es difícil preservar una cultura tan antigua y primitiva en un mundo globalizado, donde la inmensa de mayoría de países han asumido las costumbres occidentales (especialmente de Estados Unidos). 
Eso sí, ahora los Ainu tienen más libertad para defender sus raíces, y hay escuelas donde enseñan el idioma Ainu, e incluso se celebran algunos rituales tradicionales como el del oso. Esperemos que las siguientes generaciones preserven con cariño su fascinante legado.











¡Hasta la próxima!